Investigadores estadounidenses
han evidenciado que las mujeres que padecen migrañas tienen menos declive
cognitivo a medida que envejecen que las mujeres que no las presentan.
En el nuevo estudio han participado 1.448 mujeres, 204 de
las cuales sufrían migrañas. Fueron sometidas a una serie de
pruebas cognitivas en 1993, que fueron repetidas de nuevo 12 años más
tarde. Los resultados de las pruebas iniciales fueron muy similares en ambos
grupos, aunque en algunos aspectos (recordatorio de palabras a corto y largo
plazo) la puntuación de las que padecían migrañas con
aura era ligeramente inferior (recordaban una media de 0,76 palabras menos).
Sin embargo, en las pruebas que se realizaron una década
después el declive de las mujeres, de 50 años o más,
con migraña era mucho menor. Entre las voluntarias sanas su capacidad
de recordar un grupo de palabras había disminuido en más de
1,09 palabras mientras que en el otro grupo sólo habían reducido
0,25 y las pacientes con aura no habían experimentado ningún
declive.
Los hallazgos del estudio demuestran que aunque las funciones
cognitivas de la persona migrañosa parecen similares a las de una persona
sana, con el envejecimiento sufren un declive menor, sobre todo cuando se
trata de personas que sufren migraña acompañada de síntomas
visuales (aura). Los científicos lanzan algunas hipótesis sobre
el por qué de estos resultados, aunque creen que posiblemente habrá
que tener en cuenta el papel de los fármacos que utilizan estas pacientes
para mejorar sus síntomas. Algunas investigaciones sugieren que ciertos
antiinflamatorios podrían mejorar la memoria.
Asimismo, señalan que el estilo de vida de estas
pacientes también puede tener un rol importante ya que suelen ser personas
más preocupadas por su salud que tienden a no beber alcohol, a dormir
más y a tomar más vitaminas y complementos. Sin embargo, los
autores, procedentes de la Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health
(EEUU), consideran que la principal explicación está en algún
factor biológico de la propia enfermedad (como cambios vasculares o
diferencias subyacentes en la activación neuronal) que provocan un
menor declive a lo largo del tiempo.
Hasta ahora se consideraba que la migraña era un
problema funcional que no afectaba a la estructura del cerebro pero un estudio
publicado en PLoS Medicine ha evidenciado que las personas que padecen este
trastorno presentan anomalías en dos regiones cerebrales; en concreto,
en la corteza gris y la sustancia blanca. Los investigadores, procedentes
de la Harvard Medical School de Massachusetts, han centrado sus trabajos en
dos zonas de la corteza (llamadas V3A y MT+) que se asocian con la percepción
del movimiento.
Estas dos áreas procesan señales relacionadas con
el movimiento por lo que los hallazgos podrían explicar el déficit
en la percepción visual de movimientos que presentan personas con migrañas
mientras no sufren ataques, como diferencias en la sensibilidad a contrastes
temporales y espaciales o de color. Los autores consideran que los cambios
en el grosor de la corteza reflejan una exagerada excitabilidad en las neuronas
de esas zonas, probablemente, debida a un defecto en los canales de calcio
de estas células.