La decisión tomada ayer por
la Autoridad de Embriología y Fertilización Humana (HFEA)
de Gran Bretaña
de autorizar la creación de embriones
híbridos a partir
de la integración de ADN humano en óvulos animales ha
despertado la polémica.
"Es una buena noticia para los pacientes, el público y la comunidad científica.
Resulta un paso adelante en la investigación médica y en la búsqueda
de nuevas curas a enfermedades terminales", explicó el doctor Evan Harris,
coordinador de la campaña impulsada por los grupos científicos
británicos para conseguir el sí del organismo oficial. La noticia,
sin embargo, causó pavor entre los representantes de la Iglesia Católica
y otros credos.
No es un reconocimiento total, ni tampoco un cheque en blanco,
es un reconocimiento para poder investigar con cautela y para que los investigadores
puedan demostrar las aplicaciones en enfermedades como el Parkinson o Alzheimer.
El proceso aprobado consiste en transferir ADN humano a un óvulo
animal (de vaca y otras especies), al que previamente se ha extraído el
núcleo.
El resultado es un embrión humano en un 99,9%. Los científicos se comprometen a destruir los embriones después
de los 14 días de vida para evitar la tan mentada "manipulación
genética". Este tipo de estudios ya han sido llevado adelante en Estados
Unidos, Canadá y China.
En consulta pública entre 2000 británicos, el 61% se mostró
a favor del proyecto